Mente azul y una gorra de natación🌊☀️
Sep 28, 2026
En la playa de Sisal, entre turistas con sombrero, yo traía un gorro de natación. 😅
No estaba entrenando para cruzar el canal de la Mancha. Era la única solución que se me ocurrió para meterme al mar sin el turbante. Eso sí, combinaba con el traje de baño, jejeje.
Si hubo miradas curiosas. Ya estoy acostumbrada, pero ni las noté, porque estaba ocupada sentir cómo se me aflojaban los hombros por primera vez en semanas. 😊
Pero para contarte cómo llegué a ese lugar, tengo que regresar un poquito.
Cuando toqué la campana, pensé que lo más difícil ya había quedado atrás. Y no ha sido tanto así. Las semanas post-quimio se han sentido como arenas movedizas, sobre todo por emocionalmente. Y me preguntaba: ¿Qué pasa? ¿No que lo difícil ya pasó? ¿Por qué esta etapa se me está haciendo más pesada?
Me tomó un rato entenderlo. Durante seis meses mi vida tuvo un ritmo: consultas, laboratorios, sesiones, medicamentos. Hasta los síntomas llegaban en ciclos, y con ellos los "días buenos", que aprendí a apreciar muchísimo. Y al final había una meta clara: la campana. 🎊
Ahora no hay ciclos definidos, ni sala de quimios que me contenga. Hay estudios, fechas por definir y resultados que esperar. Todo más abierto. Y lo abierto, me cuesta encontrarle "el ritmo".
Días antes de mi cumpleaños llegaron algunos resultados. Y no eran lo que esperaba, eso cambia parte del plan a seguir. Otra vez el famoso "soltar el control". Usshh. 😅
Mi cuerpo va muy bien, cada día mejor. El ánimo, no tanto. Así que cuando surgió la oportunidad de escaparnos a celebrar mi cumpleaños y el de mi pareja, dije que Sí, sin pensarlo mucho. Era un regalo. 🎁

Primera parada: Mérida.
Esa ciudad tiene el ritmo que la CDMX perdió hace tiempo. Calles tranquilas, casas de colores, gente que camina con calma. Desde que llegamos, los hombros empezaron a bajar.
Comimos panuchos y papadzules en un lugar muy tradicional, con un agua de chaya con lima que... mmmmm. Si algún día vas, pídela. Luego caminamos por Paseo Montejo, con sus árboles enormes y sus casonas de otra época, y ahí comimos una marquesita con queso de bola. Uff. La nieve se quedó pendiente, lo cual significa, obviamente, que hay que volver. 😊
Nos tocó buen clima, con silencio y ese acento yucateco que siempre me pone de buenas.
Segunda parada: La playa.
Al día siguiente, carretera a Sisal. Una hora entre verde y casitas de un solo piso donde se podía ver el cielo despejado y azul. El camino ya era parte del descanso.
Y luego, lo que llevaba días imaginando: arena blanca y mar turquesa. 🌊
Rentamos una palapa con dos camastros, cerquita del agua. Lentes de sol, mucho bloqueador y el famoso gorro de natación jejej. Una bebida fría, las olas de fondo. Imagínate 😊☀️.
En algún momento, cuando me metí al mar, me quedé un rato hablándole. Le conté lo que han sido estos meses. Le pedí que me enseñe a fluir con lo que va apareciendo, como ese oleaje que de repente crece y después vuelve la calma.
Al atardecer llegó "Firulais", un perrito playero, sin ninguna prisa. Su propuesta era clara: tú me das algo de comer y yo te enseño cómo se vive aquí sin prisa. 😄 Trato justo.
La mañana del regreso, desayunando, me apareció en el celular una nota sobre la Mente azul, lo cual llamo mi atención. Hablaba de Wallace J. Nichols, un biólogo marino que escribió un libro llamado "Blue Mind", sobre lo que nos pasa cerca del agua.
Él dice que una "mente roja" es la del estrés, la prisa, la ansiedad, y una "mente azul", es más tranquila y abierta, que suele aparecer cerca del mar, un río, un lago.
¿Por qué? Porque el agua le hace la vida fácil al cerebro. Las olas suenan casi igual una y otra vez, y el horizonte está ahí, abierto, sin nada que descifrar. La mente deja de estar pendiente de mil cosas y por fin descansa.
Al leerlo pensé: eso fue. Eso me pasó.
(Y bueno, también pensé: ¿y si me quedo a vivir aquí? 😂)
Luego me acordé de Bruce Lipton y su libro "La biología de la creencia", que cuenta del experimento con células madre, donde tomó células idénticas con los mismos genes, y las puso en recipientes con distintos medios de cultivo, que es algo así como el "alimento" donde viven y crecen. Dependiendo del medio, unas se volvieron músculo, otras hueso, otras grasa. Mismas células, distinto ambiente, distinto resultado.
Lipton dice que en nosotros ese "medio de cultivo" es la sangre, y que lo que lleva cambia según cómo percibimos lo que nos rodea. Si sentimos peligro, el cuerpo se pone en modo defensa y manda cortisol. Si sentimos calma, se relaja, manda otra química y puede ocuparse de otras cosas. Según él, no puede hacer las dos al mismo tiempo.
Así que, vista con esos lentes, esa escapada a la playa fue cambiarme el medio de cultivo, jejeje. 😄
No todos podemos irnos a vivir a la playa (por ahora), así que la tarea es aprender a encontrar esa calma aunque el paisaje sea distinto. Todavía no sé bien cómo. Pero el viaje me mostró que el cuerpo sabe llegar ahí. Solo necesitaba que le cambiaran el agua, como a las plantas.

Desde que regresé he intentado traerme pedacitos de mar a mi vida cotidiana. El taller de cerámica, una película bonita en la Cineteca, un masaje relajante. Y ahorita, mientras te escribo, escucho un homenaje al agua de Lucas Cervetti- Trempülkalwe"-. 🌊 No es lo mismo, claro. Pero algo le recuerda al cuerpo el camino.
Todavía no sé cómo será la cirugía ni cuándo habrá una próxima campana. Lo que sí entendí frente al mar es que quizá esta etapa no me pide llegar a una meta, sino aprender a caminarla.
La campana me enseñó a llegar.
Esta etapa me está enseñando a quedarme en lo que "no sé",
sin hundirme.
Por ahora, mi plan es encontrar mis ESPACIOS AZULES mientras llegan las respuestas. Lo demás, lo iremos viendo.
Y te dejo la pregunta que me he estado haciendo:
¿Cuál es tu playa?
No necesariamente debe tener arena. Puede ser cualquier lugar. Ese lugar donde los hombros bajan facilito. Cuéntame y Escríbeme a este correo. Leerte es de mis momentos favoritos. 💌
Yo voy a salir a buscar, encontrar o inventar espacios azules aquí en mi ciudad, y te los iré compartiendo.
Una nueva aventura. ¿Te unes? 🌿
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Con cariño,
Xihua 🌷
RECOMENDACIONES DE LA SEMANA
Esta carta salió del mar, así que las recomendaciones también. 🌊
📖 PARA LEER:
Los dos libros que me acompañaron en esta reflexión:
🌿 "La biología de la creencia", de Bruce Lipton: Sobre cómo el entorno influye en nosotros más de lo que creemos. (Ese del "medio de cultivo".)
Lo encuentras en Amazon, Gandhi, El Sótano o Mercadolibre.
🌿 "Blue Mind", de Wallace J. Nichols: Sobre lo que nos pasa cerca del agua. Un aviso: por ahora solo está en inglés. Pero si te defiendes con el idioma, no te lo pierdas.
Lo encuentras en Amazon, Buscalibre o Gandhi.
🎬 PARA VER (y esta sí en español):
🌿 "Vivir 100 años: los secretos de las zonas azules"
Una miniserie documental de solo 4 capítulos. Es de Dan Buettner que viaja a cinco comunidades del mundo donde la gente vive más de 100 años, felices y activos. ¿El secreto? No es la genética: es el estilo de vida: moverse de forma natural, comer sencillo, tener comunidad y un propósito claro.
Me encantó porque va justo con lo que te contaba: tal vez no es lo que traemos escrito, sino el entorno que elegimos habitar. Zonas azules… espacios azules. 🌊
Esta en Netflix.
👉🏻 Trailer: Vivir 100 años: los secretos de las zonas azules
🎧 PARA ESCUCHAR:
🌿"Trempülkalwe", de Lucas Cervetti (sí, otra vez él 😊). Una obra compuesta a partir del canto de las ballenas: las guardianas de los océanos grabada en 432 Hz. Un homenaje al agua y a la vida marina. Ponla y déjate llevar; es un pedacito de mar para donde estés. 🐋
👉🏻 Escuchala aquí::: "Trempülkalwe", de Lucas Cervetti